Más allá del dieciocho: reflexiones sobre tradición, cocina saludable y equidad en la mesa chilena

Escrito por Rebecca Kanter y Susana Jiles Castillo consejeras de la Cátedra de Agricultura Campesina y Alimentación de la U. de Chile. Publicación original en Radio Uchile

Alrededor del 18 de septiembre, solemos recordar y disfrutar los alimentos y bebidas más emblemáticos de Chile: desde una empanada de pino con su sabroso sofrito hasta el clásico terremoto. Pero hoy lo bueno es que, siguiendo las Guías Alimentarias para Chile, no necesitamos esperar ocasiones especiales para disfrutar de la comida chilena tradicional.

Estas guías promueven seis principios generales: la adopción de dietas sostenibles, el fortalecimiento de sistemas alimentarios sostenibles, la priorización de alimentos mínimamente procesados, la protección de la biodiversidad de Chile, la valoración de las preparaciones culinarias caseras y el reconocimiento de nuestras culturas alimentarias (1).

Compartir la cocina

Cocinar es mucho más que preparar alimentos, la cocina constituye un espacio central en la organización de la vida doméstica y comunitaria, que refleja relaciones de poder, afectos y aprendizajes colectivos.

No obstante, y como indica el Observatorio del Derecho a la Alimentación y a la Nutrición, esta tarea ha recaído históricamente sobre las mujeres, enmarcadas dentro de un mandato de género que las responsabiliza por garantizar la alimentación y el bienestar familiar. El rol de las mujeres en los sistemas alimentarios abarca desde producir y procesar los alimentos hasta sostener la vida desde el ámbito doméstico, y aun así permanece desvalorizado. (2) Las mujeres no solo contribuyen con su fuerza de trabajo, sino que son portadoras de conocimientos sobre semillas, plantas, biodiversidad y prácticas agrícolas. Reconocerlo implica valorar saberes y memorias que han dado forma a nuestras prácticas alimentarias.

Reflexionar sobre la importancia de compartir las tareas alimentarias es una oportunidad para problematizar críticamente sobre la desigual distribución del trabajo reproductivo. Cocinar no debería ser entendido únicamente como una obligación de las mujeres o cuerpos feminizados, sino como una práctica social y cultural en la que participan todos los miembros de la familia y la comunidad. Compartir la cocina, redistribuir responsabilidades y visibilizar estos aportes abre el camino hacia relaciones más equitativas, y hacia sistemas alimentarios que valoren tanto el trabajo como los saberes que allí se despliegan.

Fuera de las ocasiones especiales, muchas personas —de cualquier edad— cumplen con algunas de las recomendaciones de las Guías Alimentarias para Chile, por ejemplo, al disfrutar de un guiso de lentejas o de una ensalada de cochayuyo.

Comer en compañía

Sin embargo, persiste un hábito cada vez más extendido: comer frente a una pantalla. Lo vemos en quienes almuerzan en su escritorio frente al computador, en quienes cenan mirando televisión en casa, o en las generaciones más jóvenes que comen con el celular o la tablet en la mesa. La recomendación de las Guías es bien clara. Debemos disfrutar de nuestra alimentación en su totalidad, sin pantallas e idealmente compartiéndola en la mesa con familiares o amigos.

Puede parecer un detalle, pero no lo es. Comer distraídos nos aleja del verdadero acto de alimentarnos: reconocer los sabores, conectar con quienes nos rodean y hasta percibir cuándo estamos saciados. En una época en la que hemos desarrollado una dependencia —consciente o inconsciente— de las pantallas para obtener estímulos y emociones positivas, es urgente recordar que la comida también cumple ese rol.

La alimentación influye en nuestro estado de ánimo y en nuestro bienestar mucho más de lo que pensamos. Los platos de nuestra cultura pueden hacernos sentir felices, generar recuerdos significativos y acercarnos a nuestros seres queridos a través de sus recetas familiares, incluso cuando no están presentes. Comer sin pantallas, entonces, es un gesto simple pero profundamente transformador. Nos permite reconectarnos con la experiencia de comer, con la memoria de nuestros sabores y con las personas con quienes compartimos la mesa.

Comer en primavera

Con la llegada de la primavera y el verano vuelve también una diversidad de preparaciones que nos conectan con la memoria familiar, entre ellas, las humitas ocupan un lugar especial.

En las familias, la receta ha sido cuidadosamente resguardada por las abuelas, quienes a su vez la transmitieron a sus nietas y nietos. Su elaboración va mucho más allá de mezclar los ingredientes: comienza con la elección del choclo adecuado —no cualquiera sirve, debe ser el humero— y continúa con el ritual de separar las hojas, escogiendo las mejores para envolver y amarrar las humitas. Luego llega el turno de pelar y moler el choclo. Todavía algunos guardan el recuerdo de aquella máquina manual instalada en la mesa de la cocina o bajo el parrón con una fuente debajo para no perder el jugo. Hoy ya no contamos con la fuerza ni el tiempo para usar la moledera, los electrodomésticos facilitan el proceso, aunque se puede escuchar “no es lo mismo”.

Cada familia guarda historias culinarias que hablan de trabajo compartido, afectos y memoria. Recuperar estas preparaciones tradicionales y, al mismo tiempo, abrirse a nuevas formas de cocinar y comer, representa una oportunidad para democratizar las responsabilidades, transmitir saberes y técnicas, y fortalecer los vínculos colectivos que se tejen alrededor de las tareas culinarias.

 Las 10 recomendaciones de las guías alimentarias para Chile

  1. Consume alimentos frescos de ferias y mercados establecidos.
  2. Ponle color y sabor a tu día con verduras y frutas en todas tus comidas.
  3. Come legumbres en guisos y ensaladas tantas veces como puedas.
  4. Bebe agua varias veces al día, no la reemplaces por jugos o bebidas.
  5. Consume lácteos en todas las etapas de la vida.
  6. Aumenta el consumo de pescados, mariscos o algas de lugares autorizados.
  7. Evita los productos ultraprocesados y con sellos “ALTOS EN”.
  8. Comparte las tareas de la cocina, disfrutando de preparaciones nuevas y tradicionales.
  9. En la mesa, disfruta tu alimentación: come acompañado cuando puedas y deja de lado las pantallas.
  10. Protege el planeta: cuida el agua, no botes comida, separa tu basura y recicla.

Link de Interés

Share This