Desafíos del nexo tierra-agua y alimentación en un mundo más árido

Columna de opinión escrita por Anahí Ocampo Melgar

Publicado en Diario electrónico Uchile. 19 de junio de 2025

El 17 de junio se conmemora la adopción de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, establecida en 1994 tras décadas de preocupación global iniciada en los años 70 con la crisis en el Sahel. En su 16ª Conferencia de las Partes, celebrada recientemente en Riad, bajo el lema “Nuestra tierra, nuestro futuro”, se destacó la necesidad de integrar las voces de pueblos indígenas y comunidades locales, además de fortalecer la relación entre ciencia y política y fomentar la participación del sector privado mediante la iniciativa Business4Land.

En el marco de la 16ava Conferencia también se presentaron los resultados del estudio sobre tendencias globales de aridez: proceso lento y por lo tanto imperceptible, y que sin embargo presenta un futuro con una condición permanente de escasez de agua en muchas regiones del mundo, es decir, menos agua de la que necesitan las actividades humanas y los ecosistemas.

El estudio muestra que en las últimas tres décadas más de ¾ del planeta han experimentado un clima más seco, lo que hace que regiones que estaban clasificadas en subhúmedas secas, hayan pasado ya a categorías de menor humedad. Si la tendencia continúa, 2 de 5 personas estarán enfrentando aridificación. Estos datos preocupan porque significa una cascada de efectos negativos que impactan el suelo, los ecosistemas, la salud humana, la seguridad alimentaria y la seguridad hídrica, entre otros.

La seguridad alimentaria es clave en este desafío, porque sin agua no hay agricultura. Muchos pensarán que los desafíos del nexo entre tierra-agua y alimentación requiere soluciones simples y tecnológicas: traer el agua de donde esté disponible. Sin embargo, hay un costo económico, social y ambiental asociado, que además incrementa el costo de lo que se produce y tiene un impacto en la seguridad alimentaria local.

En un futuro más árido, hay mayores desafíos para los medios de vida agrícola que requieren invertir más dinero para acceder al agua más lejos o más profundo, muchos de los cuales no podrán hacer ese gasto y por lo tanto incrementarán sus niveles de pobreza, debiendo algunos abandonar las zonas rurales, territorios que sin protección de vegetación entran en un espiral de degradación, pérdida de suelo que finalmente resulta en desertificación. La desertificación es entonces resultado de la cascada de efectos interrelacionados que pueden incrementarse por el cambio climático, pero también por malas decisiones económicas locales y de desarrollo globales.

Esto no es una sinapsis de una película de ciencia ficción, es lo que actualmente está ocurriendo en distintas partes del mundo, incluyendo en Chile.

Actualmente se habla del aumento del costo del chocolate debido a la sequía que impacta África Occidental, territorio donde además las personas tienen menos acceso al agua para su vida diaria. Por tal motivo la importancia de que las acciones que se implementen para luchar contra la desertificación y la sequía comprendan la complejidad e interrelaciones entre los desafíos locales, pero también con una mirada regional y global.

Este no es un desafío solo climático o económico, sino también humano, de alimentación y de supervivencia de modos de vida. Frente a este futuro no se pueden tomar decisiones sobre el uso de la tierra sin considerar el clima, ni medidas de adaptación sin considerar los desafíos de desarrollo para todos. El futuro de la seguridad alimentaria del país, y de los habitantes rurales, dependen de las decisiones de ahora y las prioridades asociadas.

Anahí Ocampo Melgar, profesora asistente de la Universidad de Chile y consejera de la Cátedra de Agricultura Campesina y Alimentación.

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